DE TRIPAS CORAZÓN

LA MADRIGUERA
En medio del salón una escalera,
a un lado, una mujer espera,
suspendida del techo, una esfera,
y al otro lado del cristal, la primavera.
Un hombre pensativo, mira y calla.
Dentro de un estuche una pulsera,
el ruido hueco al pisar en la madera
y el siseo de una cremallera
rompen el silencio de la madriguera.
Un hombre pensativo, mira y calla.
En el cielo se adivina una gotera,
se resiente el somier de una litera
y suena el timbre, “déjalo, será cualquiera,
tú a lo tuyo, quién sea, que aguarde fuera…”
El hombre pensativo mira y calla,
la tensión aumenta,
nadie llama,
mas él presiente que se acerca una tormenta.

VEO, VEO
Cierra los ojos… ¿qué ves?
Me veo por dentro
¿Y qué hay?
Un punto de encuentro
¿De quién?
Una pareja, justo en el centro.
¿Qué más?
Espera… me desconcentro.
¿Por qué?
¡Se besan! ¡Se van adentro!
¿Y qué?
Me entristezco
No lo entiendo
Él es él, ella es “ella” y yo soy “la otra”
No llores
Es culpa del almendro
No parece un buen motivo
No entiendes nada, él es el árbol,
ella la flor y yo la rama seca
que se muere y nunca engendra.
Abre los ojos… ¿ahora qué ves?
Me veo por dentro
¿Y qué hay?
Un punto de encuentro
¿De quién?
Otra pareja, mi soledad y yo, justo en el centro.

ME CUESTA TANTO NO VERTE
Me cuesta tanto no verte…
me cuesta un triunfo olvidarte
aunque triunfo esté mal dicho,
pues no es ganar cuando uno pierde
y es difícil no evocarte,
no lo digo por capricho.
Me retiro, me hago a un lado,
mas la toalla no tiro,
volcaré todas mis lágrimas
en un frasco con vitriolo
y me ducharé con ellas,
para que si un día
tú me encuentras por la calle,
no sepas que estás conmigo,
no percibas mi tristeza
y, si es posible,
hasta me veas contenta.
Ya tengo el alma adiestrada
de tanto practicar conmigo
lo de ir rogando al cielo
mientras con el mazo dando.
Tengo la mala costumbre,
cuando amo,
de darme entera como ofrenda
y como aval dejar
mi corazón en prenda.
Mi cuerpo menudo, aún ágil,
no se entrega y no por gusto,
es tan sólo una carcasa
que encierra lo que yo siento,
lo que soy y lo que digo,
lo que miento y lo que,
al fin y a la postre, represento.
Es ese estuche que se tira a la basura
cuando nos dan un regalo
que se guarda en su interior.
El estuche encadenado de mi cuerpo
aquí se queda, cerca del contenedor,
mi espíritu, ese sí, está contigo
donde quiera que tú vayas.
Lo hará triste, sosegado,
apacible, furioso, dulce
y hasta con humor, pero siempre,
no lo dudes, con amor.
No quiero ser quien obstruya
los canales de tu vida,
el dique que obstaculice
el paso del agua que baña,
limpia e hidrata tu existencia.
No quiero ser quien bloquee
el camino que te lleve
hasta la felicidad.
Te daré mis bendiciones
a cambio de un gesto amable,
esconderé mis ojos
para que no les veas llorar,
y esperaré junto a la ventana
a que un día llegue a mi
ese bendito Alzheimer
que recibiré con un beso
de gratitud y con palabras
incoherentes de embeleso,
ese Alzheimer
que me impida recordar.

IRÉ DONDE SIEMPRE
Iré donde siempre,
encontraré el lugar vacío,
bajo mis codos, el mármol frío,
frente a mis ojos el cristal de una ventana,
ahora sucio y antes limpio,
es la misma ventana de siempre
cansada de mucho esperar
y harta de tanto verme mirar.
Estará el libro de antaño,
ya sabes, el de la página en blanco,
la que está pendiente de manchar
con nuestra historia.
Aún falta por dirimir
quien escribirá primero:
si lo harás tú cuando no vienes,
si lo haré yo mientras me alejo,
o si ya aburrido de aguardar
se la invente el camarero.
ENTREPIERNAS

El día de mañana,
después de este hoy que vivimos en letargo
estando eternamente adormecidos,
veremos brillar la juventud de nuevo,
reverdecerán los amores prohibidos,
se levantará la veda de la caza del amor
y, como venados malheridos por Cupido,
caeremos abrazados y abatidos sobre un lecho.
Seré por ti la más bonita de la fiesta,
tú serás el pincha, mi rockero,
los dos seremos príncipes sin pasar por cenicientos,
y al salir del baile,
arropados con la chupa de un “te quiero”,
subiremos en la moto y volaremos.
Sentiré rugir su motor y tu motor
entre mis piernas,
galoparé libre sobre ti y sobre el corcel de acero
con mis pechos erguidos y orgullosos
desafiando al viento,
apuntando al cielo como dardos.
Eso sí, aún me cabe la gran duda
de si lo que me despierte de este sueño
no sea un beso, sea una bofetada,
y me vea nuevamente
encadenada y maniatada a un asiento,
con las piernas separadas,
sintiendo entre ellas el vacío de la nada,
el hueco de tu cuerpo que se ha ido
y el recuerdo del vibrar de la grupa
de aquel corcel de acero.
MOTEL DE CARRETERA

Líneas concéntricas, lindes kilométricas,
códigos de barras, clérigos en sayas,
círculos de una diana, bártulos de una aldeana,
estrechar vínculos sin ganas,
panales de abeja, pañales de vieja,
barrotes de celdas, berretes de cerda,
rayas de polvo blanco que viajan en
coche fúnebre a través de la nariz,
medias negras con carreras, algún desliz,
ventiladores de aspas, agobio de calor,
estancia en penumbra, huele a sudor,
se masca el sexo con o sin amor,
bíceps de paralelas, vaya par de tetas,
zanja en una obra, zámpate una cobra,
cuerda de guitarra, tejado de pizarra,
pájaros de cuenta, chicles con sabor a menta,
rumores en venta, el frío de una lata de cerveza,
pareja sobre una manta, bujarrones con gata,
greñas y horquillas de plata,
desnuda por debajo, sólo en bata,
soñar con liras y flautas, soñar a secas,
amar al chico de fresa,
cita de amor clandestina de espaldas a los rumores en venta,
coche destartalado,
un motel con mala prensa regentado por dos viejos
con pañales y con gato,
dejarnos de carretera y manta
y, sin nada bajo la bata,
atinar en el centro de la diana,
justo entre las piernas, entre medias
negras anda el juego,
hacer carrera con ellas,
arrancándolas con furia y mucho ruido,
y, aunque suene a desatino, dedicarle un polvo a Faulkner,
pagarle otro trago de whisky y emborracharnos con él,
huir por la parte trasera del motel, perdernos en el camino
como jinetes beat del asfalto,
jinetes con “j” de Jazz… Kerouac.
JUNTO A LA CAMA

Manta de lana,
pelo en la almohada,
una botella de agua
junto a la cama.
Persiana bajada,
luz apagada,
un reflejo de luna
junto a la cama.
Libro en el suelo,
gafas caídas,
zapatillas de fieltro
junto a la cama.
Voz que agoniza,
labios abiertos,
un beso encendido
junto a la cama.
Ropa en la alfombra,
cuerpos desnudos,
el deseo en la sombra
junto a la cama.
Caricias ardientes,
trío amoroso,
música suave
junto a la cama.
Dos que se aman
dentro de un lecho,
soy la que espera
mirando al techo,
junto a la cama.
LA CHICA DE LAS PIERNAS BONITAS
La chica de las piernas bonitas acude a su cita,
el hombre, cuando la ve,
disimula como puede que se excita.
Intentan hablarse, decirse mil cosas
con atropello, con prisas,
pero el hombre acalla sus frases
con besos, boca contra boca,
sin dejarle espacio ni tiempo
para las palabras ni para las risas.
La chica de las piernas bonitas, bajo su abrazo,
como broca cimbrea su cintura
igual que una espiga de cebada rubia,
y se retuerce entre sus brazos
adoptando el gesto rizado de una pose barroca
o el borde ondulado de una hoja de coca.
El hombre la abrasa al mirarla
con ojos ardientes,
mirada brillante que, cual anzuelo,
se prende en su escote y se enroca,
se engancha a sus senos
como el arpón a la roca.
La chica de las piernas bonitas
se deja llevar a lo oscuro,
y cierra los ojos cuando la aprisiona
el hombre, entre un muro
y su cuerpo rotundo y viril,
antes blando, ahora duro.
QUIERO LAS MANOS LIBRES
Quiero las manos libres para asirte,
la boca bien limpia para besarte,
tu oído cerca para susurrarte
y ser un cinturón para ceñirte.
Quiero hacerme pluma para escribirte
y volverme agua para mojarte,
quiero ser tu espejo para mirarte
y hasta tu asesino para morirte.
Convertirme en tu luz cuando amanece,
en hiedra fresca que te trepe y bese
y en la fuerza oculta que te enderece.
Quiero ser la báscula que te pese
bajo las sábanas cuando anochece,
como si el final de mi vida fuese.
 |