PRESENTACIÓN
El inicio de una página web, según mi criterio y el de casi todos, supongo, es la tarjeta de presentación de ese sitio web. En este caso dicha página se refiere al buen o mal hacer de una aprendiz de escritora que nunca llega a sentirse plenamente satisfecha de su obra, que siempre está, por decirlo en términos informáticos, "en construcción". No voy a hablar de mí aportando datos concretos que a nadie importan lo más mínimo. Podría decirles en qué lugar nací, pero si les dijese uno en particular a buen seguro estaría mintiendo, pues considero que el hecho de nacer es algo tan accidental como el hecho de morir. Podría hablarles de fechas, de cuando nací, quédense con este dato: nací el siglo pasado, soy una dama de época, algo así como un fantasma... sí... por tanto tampoco tengo una edad concreta. Es un término, el de la edad, que me crispa, he de confesar. Tendré la edad que ustedes quieran que tenga, humildemente aceptaré los años que me pongan sin rechistar, con elegancia y clase. Miren... en realidad detrás de esta fachada de chica buena se esconde una gran canalla, vividora a su manera, filósofa de andar por casa, es decir, filósofa en zapatillas, y amante de esos pequeños placeres -o grandes- que a veces nos depara la vida. Por tanto, mi único ánimo es ser su cómplice mientras ustedes se deleitan leyendo mis escritos y visitando mis mágenes. No dudo que se deleitarán, damas y caballeros, no en vano están entrando ustedes en el mágico hogar de una poetísola, y puedo asegurarles que es un extraño privilegio al alcance de unos pocos. Les dejo, para no aburrir, con esta somera presentación que incluyo más abajo. Que disfruten.

He de presentarme a ustedes
para mostrarles mis habilidades,
y pese a no disponer de grandes credenciales
he decidido recoger el guante.
Sospecho que moriré como enfermera, Dios mediante,
pues la vida de escritora no me dio facilidades
para ganar el pan, el vino, qué digo, ni un triste diamante.
En cambio sí que he conseguido gracias al donante
y al paciente tullido, un poco de vino y comer caliente,
salvo ese detalle tonto… del diamante.
No obstante soy equilibrada y perseverante,
de siempre escribí mucho y sólo por vicio
aunque no ganase nada,
y no hablo de títulos, monedas ni de fama,
no me juzguen mal,
me refiero a ese extraño privilegio
de ver mi nombre impreso en una editorial.
Matando el gusanillo como pude,
a veces a pedradas,
disparé a cientos de talleres de diversa idiosincrasia:
ejercicios de relato, de guión,
estrategias anti-bloqueo, prosa, verso,
monólogo, cuento, distintos niveles,
en serio y hasta en cachondeo.
Por otro lado mi vida de artista
presenta alguna que otra arista,
para que me entiendan les daré una pista…
Gasto mi voz y energía,
además de un tiempo precioso,
con el Grupo Lorca de Pucela,
vaya tela, mas no niego lo enojoso
que resulta ser actriz tan pobre como una rata,
siendo la que suscribe
del oficio de Talía y de Melpómene,
poco menos que otra musa.
Como ustedes adivinan me dedico,
además, a la farándula.
Con estos mimbres que ostento
ignoro qué canasto haremos,
lo que sí puedo decirles
a todos ustedes, una vez puesto
sobre el tapete este álbum que ven,
con mis credenciales,
que frente a sus antecedentes
personales, literarios, culturales…
aquí, la menda lerenda,
se parece más a un cesto.
Tal vez por ese motivo es un honor
y un placer compartir con ustedes “esto”.
QUIÉN LO DIRÍA

Yo soy la misma, especialista en nada, aprendiz de todo e ilusionada,
obligada arpía cada día, escritora, una señora,
devota actriz, hasta meretriz… ¡quién lo diría!!
Soy la misma, eterna enamorada,
seguidora de quimeras, en serie violadora,
y en serio encadenada cada hora,
rehén de más de mil conflictos… ¡quién lo diría!
Soy la misma, y a ti te hablo,
moreno de ojos grandes, mirada oscura
y alma blanca, adalid de la locura
donde el amor se estanca y aún perdura… ¡quién lo diría!
Soy la misma, ya vetusta y olvidada,
amada, ignorada, maldecida,
combativa, fiel, genio y figura,
muerta en vida y enterrada en cristiana sepultura… ¡quién lo diría!
Soy la misma, rediviva, reeditada cada día,
resurgida de la lava desprendida
de un volcán que no se apaga,
renacida de las brasas, qué digo,
de las cenizas del infierno que alimentas, Satanás… ¡quién lo diría!

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